2014
Berliner Nacht
Las noches de Berlín se envuelven de una densa oscuridad donde apenas se reconoce la ciudad. Las calles, avenidas y parques se desdibujan en formas desconocidas hasta ahora. Las negras aristas de los edificios se funden contra el cielo nocturno, las curvas pronunciadas de las calles se convierten en infinitas, perdiéndose en la negritud. En cambio, son las luces de los portales, de las tiendas, de las cabinas telefónicas y bares las que nos guían en la particular geometría berlinesa: los portales encendidos que aguardan el pasar de sus inquilinos, las paradas de autobús donde esperar el próximo viaje, los escaparates de las tiendas que desean el siguiente día.
Se percibe que la ciudad ha sido habitada hace apenas pocas horas y ya está a la espera de empezar un nuevo día. Se mezcla el antes y el después en un corto respirar de la noche, por lo que es breve el tiempo en que Berlín puede ser habitado por uno mismo, sintiendo el vacío real. Aún así, la materia urbana sostiene ese calor humano, como si su aliento permaneciese en forma de sedimento sobre las fachadas.